La mayoría de los CEO pueden recitar sus indicadores trimestrales y sus ingresos hasta el último decimal, pero, si se les pregunta por la exposición al riesgo cibernético de su organización, las respuestas se vuelven más imprecisas. No es que a los CEO actuales no les importe la seguridad: la ciberseguridad se encuentra entre las principales preocupaciones de los consejos de administración y los equipos ejecutivos. El problema es más profundo: una ruptura fundamental en la forma en que se explican los riesgos de seguridad a los líderes empresariales, que pasa por alto el impacto en sus resultados de negocio.

La falta de competencia no es la causa de la mayoría de los problemas de comunicación entre CISO y CEO. Estos surgen de un problema conocido: la maldición del conocimiento. La maldición del conocimiento es un reto común por el que los expertos —en este caso, los responsables de seguridad— pueden asumir que todos los presentes tienen una comprensión básica de la información y la terminología técnicas, por lo que no explican los riesgos complejos en un lenguaje sencillo ni aportan contexto del mundo real.

El Informe del estado de la ciberseguridad de 2026 de Ivanti pone de relieve esta desconexión. Casi seis de cada diez profesionales de seguridad afirman que sus equipos son solo moderadamente eficaces a la hora de comunicar la exposición al riesgo a la dirección ejecutiva.

Cuando CEO y CISO no hablan el mismo idioma, las vulnerabilidades críticas para el negocio pueden quedar ocultas tras la jerga técnica. Cuando falla la comunicación, las organizaciones pierden tiempo y dinero en inversiones mal orientadas, mientras las brechas de protección pasan desapercibidas hasta que una filtración obliga a abordar la conversación.

Con el aumento de los niveles de amenaza, los ataques habilitados por IA son cada vez más sofisticados y las filtraciones de datos ocupan titulares cada semana. Nunca ha sido tan importante que exista una comunicación clara entre los CISO y la dirección ejecutiva.

Para entender por qué persiste esta brecha de comunicación, debemos examinar tanto los retos fundamentales como las métricas utilizadas para medir el éxito.

Por qué falla la comunicación del riesgo cibernético: la maldición del conocimiento

Esa desconexión entre CEO y CISO no se debe a la falta de datos. De hecho, es lo contrario. Desde la perspectiva del CEO, el reto no es la atención ni la intención, sino ver paneles, métricas, acrónimos y puntuaciones de gravedad sin comprender el impacto de esos resultados en todo el negocio.

Los responsables de seguridad deben asumir que muchas personas presentes no comprenden las implicaciones de términos como puntuaciones CVSS, superficies de ataque y vulnerabilidades de día cero. Los CEO necesitan algo más que paneles llenos de métricas, acrónimos y puntuaciones de gravedad.

Los informes de ciberseguridad deben ir un paso más allá y demostrar las implicaciones financieras, legales y reputacionales de estos resultados para el negocio. Un CISO podría informar de que se han detectado «587 vulnerabilidades críticas este mes», cuando lo que el CEO realmente necesita saber es: «¿Cuáles de ellas amenazan nuestra capacidad para atender a los clientes y cuál es nuestro plan para abordarlas?»

KPI de ciberseguridad que importan a los CEO

Los KPI útiles conectan claramente los esfuerzos de gestión de vulnerabilidades con el riesgo empresarial. Sin embargo, nuestra investigación sobre ciberseguridad revela que los KPI más utilizados por los equipos de seguridad no reflejan el contexto del riesgo.

Actualmente, solo la mitad de las empresas (51 %) realiza un seguimiento de las puntuaciones de exposición de ciberseguridad u otros índices basados en el riesgo. Muchos equipos de seguridad siguen dependiendo de métricas de proceso, como el tiempo medio de remediación (47 %) o el porcentaje de exposiciones remediadas (41 %).

Métricas como el MTTR, la velocidad de aplicación de parches y el porcentaje remediado son importantes para los equipos de seguridad, pero miden la eficiencia operativa, no la exposición del negocio ni el posible impacto financiero. Por sí solas, pueden parecer tranquilizadoras mientras ocultan la verdadera pregunta: ¿estamos gestionando nuestro riesgo de forma eficaz?

Estas métricas, que se centran en la velocidad y la cobertura, pueden parecer positivas por sí mismas, pero aportan poco para demostrar si los esfuerzos actuales de remediación realmente mejoran la postura de riesgo. Importa menos la rapidez con que se remedian las vulnerabilidades y cuántas se abordan. Lo que importa más es si se están abordando los problemas adecuados.

Una comprensión compartida entre los equipos de seguridad, el consejo de administración y la alta dirección exige situar las métricas difíciles de interpretar en un contexto de consecuencias reales. Para los CEO, esto significa alinearse con su CISO en torno a los riesgos más importantes para su organización concreta: ¿es usted una entidad financiera que se enfrenta con frecuencia a sofisticados esquemas de fraude, estrictos requisitos de cumplimiento como PCI-DSS y SOX, y la amenaza constante de ransomware dirigido a los datos financieros de los clientes?¿Es usted una organización sanitaria que debe proteger una red en expansión de dispositivos médicos conectados, manteniendo al mismo tiempo rigurosos estándares de cumplimiento para proteger datos confidenciales de pacientes?

Ilustremos la diferencia entre un informe ejecutivo de seguridad que se basa únicamente en métricas técnicas y otro que añade contexto e impacto empresarial.

Lo que dice el CISO:

  • «Hemos descubierto 11.000 vulnerabilidades».
  • «El MTTR se ha reducido de 25 a 15 días».
  • «Hemos alcanzado una tasa de remediación del 88 % en CVE críticas».

Lo que el CEO realmente necesita saber:

  • «Hemos identificado diez vulnerabilidades críticas que podrían afectar a sistemas generadores de ingresos».
  • «Si sufriéramos un ataque hoy, podríamos restaurar las operaciones críticas en seis horas, frente a las 48 horas del año pasado».
  • «Esta protección nos permite avanzar en la expansión en la UE sin riesgos de cumplimiento adicionales».

Crear un marco de apetito de riesgo a nivel ejecutivo

La comunicación ejecutiva depende de marcos compartidos y de un punto de referencia común sobre cómo se define, mide y analiza el riesgo. Para eliminar incoherencias y confusiones, todas las partes interesadas deben participar en la creación y aplicación de un marco de apetito de riesgo.

Uno de los principales objetivos de estas conversaciones es ayudar a los líderes empresariales a comprender que el objetivo del programa de ciberseguridad no es estar completamente «libre de riesgos»; es imposible que cualquier organización moderna lo esté por completo. En otras palabras, los CEO deben ser capaces de distinguir entre su apetito de riesgo y su postura de riesgo.

1. Apetito de riesgo: cuánto riesgo está dispuesta a tolerar actualmente su empresa para alcanzar sus objetivos generales.

2. Postura de riesgo: la realidad de la exposición al riesgo actual de la organización.

La mayoría de las organizaciones ya reconoce la necesidad de formalizar cuánto riesgo cibernético está dispuesta a aceptar. La investigación de Ivanti muestra que más del 80 % de las organizaciones cuenta con un marco de apetito de riesgo documentado.

Sin embargo, menos de la mitad de las organizaciones afirma que estos marcos se siguen de cerca en las operaciones diarias. Cuando los marcos existen sobre el papel, pero no guían las decisiones reales, es muy probable que el apetito de riesgo y la postura de riesgo de su organización no estén alineados.

Cómo la gestión de la exposición salva la brecha de comunicación

La gestión de la exposición es un enfoque basado en el riesgo que identifica, prioriza y valida de forma continua el alcance de las amenazas potenciales en toda la superficie de ataque. Practicar la gestión de la exposición ayuda a unir a los responsables de seguridad y a los líderes ejecutivos en torno a una estrategia única e integral que reorienta la ciberseguridad hacia el riesgo crítico para el negocio.

En lugar de tratar todas las vulnerabilidades por igual, la gestión de la exposición se centra en identificar y priorizar los mayores riesgos de la organización mediante estas preguntas:

  • ¿Qué exposiciones actuales están explotando los actores de amenazas en entornos reales?
  • ¿Qué activos deben priorizarse en función de las operaciones empresariales actuales?
  • ¿Qué activos, si se vieran comprometidos, tendrían el mayor impacto en términos de daños reputacionales, para los clientes o legales?

El informe de investigación de Ivanti muestra que casi dos tercios de las organizaciones ya invierten en gestión de la exposición, y que la comprensión por parte de la dirección ha aumentado año tras año. Pero la ejecución sigue rezagada: solo alrededor de una cuarta parte de las organizaciones califica su capacidad para evaluar la exposición al riesgo como excelente.

Para cerrar esa brecha y poner en práctica la gestión de la exposición de forma eficaz, los CISO deben articular la comunicación ejecutiva en torno a tres principios

1. Traduzca las señales técnicas al contexto empresarial. En lugar de informar de recuentos de vulnerabilidades, explique qué exposiciones afectan a sistemas generadores de ingresos, datos de clientes o entornos regulados.

2. Priorice las amenazas emergentes por impacto, no por volumen. Los ejecutivos no necesitan hacer seguimiento de cada nueva técnica de ataque. Necesitan entender qué situaciones podrían interrumpir materialmente el negocio y hasta qué punto está preparada la organización para responder.

3. Use escenarios, no hojas de cálculo. Las narrativas que conectan causa, impacto y resultado, respaldadas por datos, ayudan a los líderes a interiorizar el riesgo y tomar decisiones más rápidas.

Este enfoque transforma su estrategia de mitigación del riesgo, pasando de una defensa reactiva a una toma de decisiones proactiva.

El camino a seguir

Cuando los ejecutivos y los responsables de seguridad hablan el mismo idioma, la maldición del conocimiento puede superarse y la ciberseguridad se convierte en un habilitador estratégico que protege el valor del negocio, impulsa el crecimiento y transforma la fortaleza en seguridad en una ventaja competitiva.

La maldición del conocimiento puede superarse: una métrica traducida, una conversación centrada en el negocio y una decisión clara cada vez.